Google+ Los Colores de la Noche: Las nubes noctilucentes

miércoles, 10 de octubre de 2012

Las nubes noctilucentes


Las nubes noctilucentes, también conocidas como nubes mesosféricas polares, son un curioso fenómeno  meteorológico visible después del anochecer en latitudes cercanas a los polos (entre 50 y 70º al norte y sur del Ecuador). Su aspecto filamentoso nos puede recordar a las nubes altas, pero se diferencian en que se forman a una altura de 80 kilómetros y no son visibles a plena luz del día. Sólo se aprecian cuando -una vez ha oscurecido y es prácticamente de noche- permanecen aún iluminadas por el Sol, cuya luz se refleja en los cristales de hielo confiriéndoles un extraño color azul eléctrico sobre la oscuridad del firmamento. 

Este tipo de nubes ha sido descubierto hace relativamente poco tiempo, y hubieran pasado desapercibidas si no fuera porque cada vez son más frecuentes y se observan a menor latitud, sin comprenderse bien los procesos que las originan. La primera vez que fueron observadas ocurrió por casualidad en 1.885, dos años después de la  gran erupción del Krakatoa, cuando la belleza de los ocasos -debida al material expulsado a la atmósfera- animó a muchas personas a contemplar el cielo después de la puesta de Sol. El alguna ocasión los que permanecieron más tiempo pudieron observar estas extrañas nubes, que en principio fueron achacadas al polvo emitido por la erupción, pero que siguieron apareciendo una vez que pasaron sus efectos. 

La explicación a estas nubes a tanta altura pasa por entender cómo se produce el proceso de nucleación que daría lugar a los cristales de hielo, pues hay que tener en cuenta que a 80 kilómetros sobre el nivel del mar reinan unas condiciones muy parecidas al vacío. Gracias a los datos facilitados por la sonda AIM se ha llegado a la conclusión de que los núcleos sobre los que se acumulan las moléculas de agua son partículas procedentes de los meteoros que entran en la atmósfera, y el proceso requiere unas condiciones tan especiales que sólo se produce normalmente sobre las zonas polares. El problema está ahora en encontrar el motivo de que estas nubes sean cada vez más grandes, brillantes y se observen a latitudes más bajas. 



Nubes noctilucentes
¿Qué puede estar detrás de estos cambios? Si para que se forme una nube se necesitan partículas que actúen como aglutinante y agua, es de suponer que alguno de estos componentes está aumentando de frecuencia en la mesosfera. El material extraterrestre que cae sobre la atmósfera no es probable que se haya incrementado, por tanto algún mecanismo debe estar provocando una mayor concentración de agua en esas regiones limítrofes con el espacio exterior. Y para James Rusell, de la Universidad de Hampton, el responsable es el metano. Según publica este investigador, en las condiciones de la mesosfera el metano sufre una serie de complejas reacciones que dan lugar a la formación de agua. De este modo una explicación posible del incremento de las nubes noctilucentes sería una mayor cantidad de metano que alcanza las capas externas de la atmósfera. 

Y aquí es cuando entra un ligero escalofrío, porque el metano es uno de los gases de efecto invernadero más potentes, con una capacidad de atrapar la radiación infrarroja (el calor) cincuenta veces superior a la del dióxido de carbono. Y el problema ya no es sólo el metano directamente liberado por la actividad humana, sino el que está latente en el lecho oceánico y zonas polares, susceptible de ser expulsado a la atmósfera de forma masiva ante un incremento global de las temperaturas. De hecho existen evidencias de que este gas ha jugado un papel fundamental en los cambios climáticos que provocaron las extinciones masivas en el pasado, cuya liberación fue detonada por algún acontecimiento previo que causó un incremento de la temperatura de los océanos. 

Por si no había suficientes síntomas, ya tenemos otra posible prueba de que algo está cambiando en la atmósfera a un ritmo bastante mayor que la capacidad de reacción de la Humanidad. 

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