Google+ Los Colores de la Noche: abril 2012
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domingo, 29 de abril de 2012

Sin Ciencia no hay futuro

Hace unas semanas tuvo bastante repercusión en los medios la carta de la astrofísica Amaya Moro-Martín en la revista Nature en la que denunciaba el suicidio científico que supone la política de recortes en Investigación y Desarrollo. Precisamente España no es un país que pueda presumir de apostar decididamente por la investigación como una inversión a largo plazo que permite el desarrollo de sectores estratégicos y generadores de empleo. La preocupación por estas cuestiones ya era tímida cuando a nuestros políticos se les llenaba la boca con eso de ser la octava economía mundial, cuando se presumía de "crecer" más que los EEUU y cuando parecía que -por fin- estaríamos a la vanguardia de Europa. Pero el estallido de la burbuja inmobiliaria ha demostrado que no se puede confiar la economía de una nación a un sector sin cimientos, ficticio, zombi, cuyo desmoronamiento ha dejado una tasa de paro espeluznante. Precisamente en este punto es cuando los políticos deberían haberse dado cuenta de la importancia de la Educación Pública y la Investigación Científica para fortalecer el tejido social y darle la plasticidad necesaria para sobrevivir ante los golpes de este peculiar sistema financiero que se ha convertido en el peor cáncer que ha sufrido la Humanidad. Ahora más que nunca nuestra nación necesita establecer las prioridades que garanticen nuestro futuro y el mantenimiento del bienestar social. Sin embargo a nuestra clase política no le tembló la mano para tocar lo intocable y modificar la Constitución introduciendo el sagrado mandamiento neoliberal de "cumplirás el objetivo del déficit sobre todas las cosas". Sobre todas, incluso a costa de aquellas cuya garantía sí debería estar recogida en la Carta Magna, como son una Educación Pública laica de calidad y la inversión en Ciencia. Y en los últimos días estamos confirmando lo que ya sabíamos: que estamos gobernados por una clase política mediocre que o bien son incapaces de comprender lo que verdaderamente hace libre y próspera a una nación, o bien lo saben pero nuestra prosperidad y libertad les importa poco mientras nos contentemos con la ración de pan y circo (entiéndase consumo y telebasura). 

lunes, 23 de abril de 2012

Canes Venatici

Los Perros de Caza
Los Perros de Caza (Canes venatici) es una pequeña constelación definida en el siglo XVII por Hevelius al sur del timón del Gran Carro. Sólo tiene dos estrellas de cierto brillo, siendo la principal bautizada con el nombre  de Cor Caroli por Halley en homenaje al rey Carlos II de Inglaterra. Y como toda constelación que se precie debe tener algún mito asociado, el físico de la corte inglesa Sir Charles Scarborough juró por los rizos de su peluca que esta estrella había brillado con una intensidad inusitada el día del regreso del rey a Londres, el 29 de mayo de 1660. Así que con estrella propia y signo celestial a la antigua usanza, Carlos II puso muy feliz la primera piedra del Real Observatorio de Greenwich el 10 de agosto de 1675. Lo que hay que hacer para conseguir financiación (pensaría más de uno).

Cor Caroli es un sistema doble situado a unos 110 años luz de nosotros fácilmente separable a través de un pequeño telescopio. Su componente principal es una estrella blanca 80 veces más brillante que el Sol y con 2'8 veces su masa; la secundaria tiene 1'6 masas solares y es 5 veces más luminosa que nuestra estrella. 

Esta pequeña zona del cielo alcanza su mejor momento para la observación en las noches primaverales del Hemisferio Norte. Al corresponder con las proximidades del polo galáctico podemos encontrar un buen número de galaxias, entre las que destaca M51, más conocida como "Galaxia del Remolino". 

viernes, 6 de abril de 2012

Tras el velo de Venus

Venus y la Luna creciente
Venus es el astro más brillante de nuestros cielos después del Sol y la Luna, llegando a ser visible incluso de día. Es el segundo planeta en distancia al Sol y sigue una órbita interna a la nuestra, de modo que sólo se nos presenta a cierta distancia angular del Sol -que nunca es mayor de 48'5º- unas horas antes de amanecer (como Lucero del Alba) o unas horas después de atardecer (Lucero Vespertino). De todos los planetas Venus es el que más se acerca a la Tierra, pudiendo alcanzar una distancia mínima de 38'9 millones de kilómetros (Marte como mucho llega a unos 56), y además es bastante parecido a la Tierra en cuanto a tamaño con 12.103'6 kilómetros de diámetro. Sin embargo -y a diferencia de Marte- cuando dirigimos un telescopio a este cuerpo sólo vemos un disco blanco muy brillante en alguna de sus fases, sin que sea posible apreciar detalle alguno. Sólo si disponemos de determinados filtros violetas y ultravioletas de elevada densidad podemos fotografiar algunos detalles nubosos, pero nunca una superficie que se encuentra oculta bajo una espesa  e impenetrable atmósfera. 

Por este motivo se ha sabido muy poco de este planeta hasta que no ha sido visitado por las primeras sondas en los años 60 del siglo pasado, y hasta entonces la imaginación de los escritores de ciencia-ficción situaron junglas, pantanos y densos bosques húmedos bajo el espeso dosel nuboso (y será por esa supuesta abundancia o porque se imaginaban a unos nativos más pacíficos y primitivos por lo que apenas sufrimos invasiones "venusianas", nada que ver con los beligerantes marcianos). Cuando la primera sonda puso pie en la superficie (la soviética Venera 7 en 1970) los científicos no esperaban encontrar un escenario agradable, pues ya antes varias sondas se habían acercado (la estadounidense Mariner 2 en 1962 y las soviéticas Venera 1-6) confirmando algunas controvertidas mediciones efectuadas desde la Tierra que apuntaban a una superficie extremadamente caliente. Adiós a los océanos y selvas imaginados por Svante Arrhenius y a los mares de petróleo de Fred Hoyle; tras el apacible nombre de la Diosa del Amor y un espeso manto de nubes se desveló lo más parecido al infierno cristiano, pero sin diablillos. Tales son las condiciones de presión y temperatura que no fue hasta el séptimo intento cuando los soviéticos consiguieron posar algo en la superficie capaz de emitir algún dato, aunque fuera sólo por 20 escasos minutos antes de que la Venera 7 acabara fundida y aplastada. 
  

domingo, 1 de abril de 2012

Mercurio, el extraño planeta

Mercurio es el planeta más pequeño y cercano al Sol de nuestro Sistema, características que lo convierten en un cuerpo difícil de observar desde la Tierra. A una distancia media del Sol de tan sólo 58 millones de kilómetros, este planeta rocoso de menos de 5.000 kilómetros de diámetro completa su órbita en apenas 88 días terrestres. Al igual que Venus, tiene una órbita inferior a la nuestra y sólo se nos presentará en los cielos tras el atardecer o previos al orto solar y a distancias angulares de nuestra estrella bastante pequeñas. Esto hace que para localizarlo tengamos que buscar cerca del horizonte occidental justo después de la puesta de Sol u oriental poco antes de amanecer, de modo que su baja altura sobre el horizonte hace que su imagen al telescopio esté muy afectada por la turbulencia atmosférica. Con estas condiciones no podemos esperar apreciar detalle alguno en su superficie, aunque sí resulta interesante observar sus fases o los tránsitos ante la esfera solar que de vez en cuando ocurren. 

No hemos conocido más detalles sobre este planeta hasta que no fue visitado por la sonda Mariner X en 1974, que cartografió un 45% de su superficie mostrando un cuerpo sin atmósfera salpicado de cráteres. Y aunque este panorama puede hacernos creer que es un planeta anodino, Mercurio tiene algunas características que han dado (y siguen haciéndolo) muchos quebraderos de cabeza a los científicos.