Google+ Los Colores de la Noche: noviembre 2012
Share

sábado, 10 de noviembre de 2012

La medida del tiempo (IV). El calendario maya

Observatorio "El Caracol" de Chichén Itzá (Wikimedia)
Hace dos décadas el calendario maya era un tema que a pocos preocupaba; una curiosidad más de tantas que se podían leer en revistas más o menos especializadas. Por entonces los mistabobos estaban más centrados con nuestro calendario gregoriano y su año 2000, que al final pasó sin pena ni gloria, pues de hecho por no cambiar ni lo hizo el milenio (que realmente comenzó en 2001). Sin embargo hoy lo verdaderamente difícil es encontrar una publicación medianamente rigurosa sobre el tema entre el millón de resultados que arroja un buscador web y los 1800 libros que dicen tratar de los mayas y sus profecías -con los que Dante hubiera podido imaginar empedradas las escaleras del infierno- a los que hay que sumar un número ingente de documentales y alguna que otra superproducción de cine. Y a pesar de ser un tema muy trillado es mi deber continuar con la serie de artículos sobre los calendarios, aprovechando de paso que ahora el asunto está calentito.

El calendario maya es un sistema de cómputo peculiar y complejo, resultado de la obsesión por el tiempo de estos pueblos y de su meticulosa observación del cielo y sus ciclos. Al igual que en otras civilizaciones, la astronomía maya estaba ligada a la agricultura y a los ciclos climáticos, y la observación de los cambios cíclicos en el cielo era una forma de intentar anticiparse a los cambios terrenales. Como en el caso egipcio y sumerio, tenía una función ritual y adivinatoria dotando de un gran poder a sacerdotes y gobernantes, que aparentaban controlar -o provocar- los fenómenos de los que dependía la vida del pueblo, siempre y cuando se realizaran correctamente determinados rituales.