Google+ Los Colores de la Noche: agosto 2015
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sábado, 8 de agosto de 2015

Observando las constelaciones de Escorpio y Sagitario

Una forma muy interesante, visual y cómoda de transmitir información es el videocast. Aprovechando que tenía que elaborar uno como parte de una práctica para una asignatura me estreno con este modo de comunicación. Lo cierto es que resulta trabajoso: escribir el texto, grabar la locución, mezclar una música apropiada, elaborar la secuencia de vídeo, coordinarla con el sonido... y luego para que youtube te bloquee en 280 países por la música escogida y sólo pueda verse en Barbados, Kiribati, Sudán del Sur y alguno más. Pero bueno, también está vimeo, esperemos que aquí aguante mientras encuentro músicas libres del celo guardián de las discográficas, (ironic mode ON) que obviamente no pueden permitir que yo me haga rico a base de hacer vídeos caseros de divulgación (ironic mode OFF). En cualquier caso el resultado es satisfactorio para ser el primero y creo que no será el único. Estando en agosto no podía tratar sobre otro tema que las constelaciones de Escorpio y Sagitario, una de las zonas más espectaculares del cielo. Espero que os guste. 


Observando las constelaciones de Escorpio y Sagitario from Máximo Bustamante on Vimeo.


domingo, 2 de agosto de 2015

Sobre lunas azules, rojas y fuegos artificiales celestes

La Luna Gatuna, visible en verano tras la ingesta de mayonesa caducada en el chiringuito
¿Visteis la "luna azul"? Yo no. De hecho ni me molesté en echarle foto alguna. ¿Pero cómo no aproveché este evento "que no se repetirá en tres años"? Simplemente porque tendré otra luna igualica antes de un mes. ¿Por qué tanto bombo entonces?, ¿por qué este alud de noticias, twits, retwits y requetetwits sobre este tema? Parece que los medios de comunicación se aburren en verano y alguien decidió que esto de que haya dos lunas llenas en un mes es interesante, y además eso de azul le da un toque exótico y misterioso que garantiza la audiencia, los "megusta" o los "retwits". Y por si no queda claro se ilustra la noticia con una foto de la luna llena virada al azul; no pasa nada aunque esa foto falte a la verdad, porque roja sí podemos ver la luna (en un eclipse total de luna por ejemplo) pero de verla azul hay las mismas posibilidades que de verla verde fosforito: o miramos a través de un cristal de ese color o deberíamos preocuparnos por la composición de la copa que nos acabamos de zampar en la terracita de verano. Y no digo yo que -igual que hay quien ve elefantes rosas- algunos puedan ver lunas azules, pero ya puestos a tener alucinaciones seamos un poco más creativos y psicodélicos por favor. Llamadme aguafiestas, pero la luna azul para mí tiene el mismo interés que las zambullidas estivales de los famosuelos, e incluso éstas pueden serlo más si se da alguna situación jocosa, como que centenares de medusas aparezcan muertas en la playa después del baño de alguno de nuestros queridos menistros. Es una muestra del triste panorama de la prensa española, cuya podredumbre no sólo afecta a la sección de política y economía, sino que se ha extendido a otras áreas (salvo alguna honrosa excepción que aún tiene una sección de ciencia medianamente decente). Y si triste es leer la mayoría de los periódicos patrios o soportar las memeces televisivas, es deprimente que incluso algún centro de divulgación astronómica coloque alguna de esas noticias encabezadas con una luna absurdamente virada al azul.

No sé hasta qué punto estas situaciones favorecen la difusión de la astronomía. Por un lado está bien que de vez en cuando haya alguna noticia que nos motive para mirar al cielo nocturno, pero por otro lado sería de agradecer que trataran sobre algún evento de verdad: un cometa, una lluvia de estrellas que se espere especialmente activa, una sonda que llega a los confines del Sistema Solar, etc. Aun contando con la dosis de sensacionalismo que le añaden los medios (y que muchas veces generan falsas espectativas entre el público) no está mal que se nos recuerde a veces que más allá del sillón de casa, más allá de la pantalla del televisor o el ordenador, más allá de la burbuja de contaminación lumínica de nuestra población, se despliega el espectáculo del cielo estrellado. Pero está ahí todo el año, en todas las estaciones, siempre que las condiciones meteorológicas lo permitan. El cielo de junio a septiembre es de una belleza sobrecogedora cuando la Vía Láctea se alza como un árbol gigantesco hacia el infinito; y en invierno preciosas constelaciones jalonan con sus estrellas brillantes la bóveda celeste, cuando es más oscura y transparente que en otros momentos. Además a veces tenemos alguna lluvia de estrellas, una conjunción de planetas, un cometa que se acerca, un eclipse... eventos que rompen la aparente inmutabilidad del firmamento. Para disfrutar de este espectáculo sólo es necesario buscar un cielo oscuro, lo que es desgraciadamente cada vez más complicado incluso en zonas rurales. Ahí es donde todo esfuerzo es insuficiente, en exigir a nuestros ayuntamientos que no nos priven del derecho a disfrutar del cielo nocturno, que alumbren de manera racional y eficiente y que cumplan con la normativa (si la hay). No hace falta que los medios nos digan cuándo mirar al cielo, ni crear eventos intrascendentes o anuncios de fastuosos fuegos artificales estelares que no ocurrirán. Sólo hay que mirar hacia arriba, hacia la inmensidad, cualquier noche del año.