Google+ Los Colores de la Noche: octubre 2015
Share

miércoles, 14 de octubre de 2015

Noche oscura




Somos animales adaptados para desenvolvernos de día, y por eso la noche nos impone respeto; la oscuridad nos hace vulnerables y aprovechamos esas horas para agruparnos en lugares seguros y dormir bajo la protección del grupo. Las poblaciones humanas tienen su origen en el momento en que el hombre se hizo sedentario y surgió un nuevo modelo de organización social que se desarrollaba en la isla protectora del poblado o ciudad frente a un entorno natural hostil que era necesario domesticar. Unos cinco mil años después la sociedad humana se ha complicado hasta tales extremos y su presión demográfica ha llegado hasta tal punto que hoy hablamos de reservas de naturaleza frente a un mundo urbanizado o antropizado.

Europa de noche vista desde el espacio
Si observamos una imagen desde el espacio de las zonas nocturnas del planeta Tierra este hecho se puede comprobar perfectamente. Desde la Revolución Industrial y el posterior desarrollo del manejo de la electricidad, la iluminación nocturna ha crecido al tiempo que lo han hecho la población y las urbanizaciones, hasta el punto de que hoy en día un elevado grado de iluminación nocturna ha pasado a ser sinónimo de "progreso", y se ha pasado de iluminar por cuestiones de seguridad a hacerlo como una forma de ostentación. Para entender de lo que hablo sólo hay que dar un paseo por el centro de cualquier ciudad, sobre todo en fechas navideñas.

En algunos lugares (y no hay que irse muy lejos, baste como ejemplo un pueblo como Beas de Segura) no sólo hay tal nivel de iluminación que hace posible leer perfectamente de noche, sino que la mitad de esa luz se va hacia arriba. ¿Y qué es necesario iluminar por encima de nuestras cabezas? Nada, absolutamente nada: la luz se pierde difundiéndose hacia el cielo. Y cuando hablo de que se pierde luz tradúzcanlo en el dinero que cuesta producirla, porque a veces nos olvidamos de que los ayuntamientos pagan unas cuantiosas facturas de alumbrado público a las compañías eléctricas (o sea, que las pagamos entre todos). Y esa iluminación supone una energía que ha sido necesario producir mediante las distintas formas que conocemos (la mayor parte de fuentes no renovables). En un mundo en el que el que la contaminación atmosférica y el posible cambio climático se vislumbran como uno de los principales problemas a medio plazo ¿cómo se entiende este derroche? 


Esta emisión de luz hacia la nada, hacia el cielo, tiene un efecto directo: la contaminación lumínica. Para los aficionados a la astronomía esto es lo que hace que cada vez nos sea más difícil encontrar un cielo oscuro cuajado de estrellas. Cuanta más luz se proyecte al cielo, menos oscuro es el fondo del cielo nocturno y menos estrellas se pueden apreciar porque quedan anuladas por esa luz difusa. En las cercanías de algunas ciudades se ha llegado al extremo de que sólo los astros más brillantes, como Sirio o Venus, son visibles a simple vista. Ni que decir tiene que el estudio de objetos más débiles a través del telescopio es sumamente difícil en estas condiciones.

Desde hace varias décadas los astrónomos aficionados y profesionales han reivindicado la valoración del cielo nocturno como parte del Patrimonio de la Humanidad, pues el estudio y la observación del Cosmos ha sido (y sigue siendo) parte fundamental del motor que ha permitido el desarrollo y evolución del pensamiento humano. Y aunque hoy en día la cultura televisiva mantenga a la mayoría en una especie de trance psicodélico que genera toneladas de basura mental que hunden el pensamiento en los abismos del individualismo y la pasividad, no podemos privar a las generaciones futuras de la posibilidad de contemplar y estudiar el cielo estrellado como una parte más de la Naturaleza.

Los primeros lugares en regular una protección del cielo nocturno como un elemento más del patrimonio cultural y científico de la Humanidad fueron los vinculados a observatorios de gran importancia internacional, como las Islas Canarias. Poco a poco y gracias a la presión de colectivos, en las zonas con mayor afición a la astronomía se desarrolló una normativa específica, y alguna ciudad como Córdoba quiso ser pionera entre las capitales de provincia en la implantación de una normativa para regular la iluminación nocturna. Pero más importante que desarrollar una normativa es que ésta se aplique y  realmente se adapte a la problemática existente, ofreciendo las directrices para mejorar una situación de partida que no es la deseable. De este modo en más de un caso estas normativas se han quedado en una simple declaración de buenas intenciones.

Por otro lado, el más reciente desarrollo de las Agendas 21 en los municipios adheridos debería suponer una ligera mejora de la situación, al aplicarse planes de optimización energética destinados a mejorar la eficiencia en el alumbrado público. Aún así los tipos de farolas siguen siendo inadecuados en la mayoría de los casos y existe una clara tendencia a sobreiluminar (demandada frecuentemente por los mismos ciudadanos). Además el uso generalizado de lámparas LED de luz blanca o azulada está creando situaciones bastante contradictorias, pues mientras se pretende ahorrar energía se emite un tipo de luz muy perjudicial (luz fría), no sólo para la observación astronómica (por su elevada dispersión atmosférica) sino para la salud (por su efecto en la regulación del ciclo circadiano).

miércoles, 7 de octubre de 2015

Fotografiando constelaciones con un equipo básico

Constelación de Casiopea. Imagen resultado de apilar ocho tomas de siete minutos a 800 ISO obtenidas con una Nikon D90 y objetivo de 50 mm sobre montura portátil Sky-Watcher Star Adventurer
La fotografía de cielo profundo requiere de cielos oscuros, algo cada vez más escaso a pesar de las diferentes normativas existentes, lo que implica alejarse de los núcleos urbanos todo lo posible. El equipo para su práctica no es precisamente parco en número y peso, y a no ser que dispongamos de un observatorio tendremos que cargar y transportar tubos ópticos, montura, contrapesos, cámaras, batería, ordenador... que luego hay que montar, estacionar, equilibrar, alinear y calibrar lo mejor posible antes de comenzar a disparar a un objeto. La precisión que requiere el seguimiento en tomas de larga exposición  es mayor cuanto menor sea el campo que abarquemos, lo que implica todo este despliegue. ¿Y si queremos realizar fotografía de larga exposición con un objetivo que abarque un campo más o menos grande? En la entrada "la astrofotografía (II)" describo el procedimiento que hasta ahora ha sido el más común: disponer la cámara con su objetivo en paralelo al tubo óptico del telescopio. En cualquier caso implica disponer de una buena (y generalmente pesada) montura ecuatorial para sostener el conjunto óptico y realizar un seguimiento preciso. 

Sin embargo desde hace un par de años la generalización de la práctica de la fotografía nocturna y el "time lapse" ha llevado a algunas marcas a comercializar sistemas de seguimiento portátiles que permiten la obtención de imágenes mucho más impactantes del cielo, pues posibilitan exposiciones mayores sin que aparezcan los trazos estelares. La marca japonesa Vixen ya hace tiempo que sacó el sistema Polarie, muy compacto y sencillo de manejar, aunque creo que algo caro si incluimos todos los accesorios. Recientemente la marca Sky-Watcher ha tenido la idea de crear una montura ecuatorial alemana pequeña y ligera, compatible con la mayoría de trípodes fotográficos y de una gran versatilidad (podéis encontrar más información sobre sus características en este enlace). Básicamente es como las monturas que estamos acostumbrados a utilizar, con funcionalidades similares, soporta hasta unos 5 kilos de peso y se puede transportar perfectamente en una mochila junto al resto del equipo sin tener que ir al fisioterapeuta a la mañana siguiente. La perspectiva de realizar astrofotografía con seguimiento en lugares donde no necesariamente se ha de llegar en coche, sin el esfuerzo y tiempo que requiere todo el proceso habitual con el telescopio, me llevó a adquirir una. Os cuento los primeros resultados que he obtenido con ella. 

lunes, 5 de octubre de 2015

Cuatro planetas al amanecer

No es frecuente encontrar a la mitad de la familia planetaria del Sistema Solar en la misma zona del cielo, por eso no podemos dejar pasar la ocasión de mirar al Este durante los amaneceres de los primeros días de octubre de 2015. Especialmente atractiva será la vista del día 9 sobre las siete o siete y media de la mañana cuando junto a la fina Luna menguante estarán los planetas Venus, Júpiter, Marte y Mercurio. 

Aspecto del cielo mirando al Este el 9 de octubre a las 7:30 (hora oficial peninsular)
La escena estará presidida por nuestro satélite con sólo un 12% de su disco iluminado. A cinco grados por encima se situará Venus, que con una magnitud de -4.5 será el astro más brillante del firmamento después de la Luna. A unos ocho grados de la Luna hacia el Este el tercer cuerpo celeste en brillo será Júpiter (-1.7 magnitudes) y casi en la línea que une los dos planetas anteriores, pero a muy poca altura sobre el horizonte, se podrá ver entre el resplandor del alba a Mercurio (0.9 magnitudes). A estos tres planetas hay que sumar Marte, que se encontrará a unos cuatro grados de Júpiter en dirección a Régulo (la estrella principal de Leo). Mientras que Venus, Júpiter y Mercurio se apreciarán como astros bastante brillantes el planeta rojo se mostrará con un brillo moderado, algo menor que el de Régulo, aunque perfectamente distinguible por su color. Exceptuando a Saturno tendremos en el mismo campo a casi todos los planetas perceptibles a simple vista y estudiados desde la antigüedad. 


La fotografía de este tipo de eventos es sencilla al no requerir seguimiento. En esta entrada hay información detallada sobre la técnica a seguir.