Google+ Los Colores de la Noche: enero 2016
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jueves, 28 de enero de 2016

¿Qué hay de nuevo planeta X?

Menudo revuelo mediático se ha montado en la última semana acerca del “descubierto” nuevo planeta del Sistema Solar, sobre todo en las redes sociales. Primero vino la oleada sensacionalista dando por hecho que ya tenemos confirmado un nuevo miembro en nuestra familia planetaria, y un día después llegaron las matizaciones, cuando seguramente a alguno de los periodistas se le ocurrió echar un vistazo a la publicación original o a cualquiera de los muchos artículos surgidos en webs especializadas aclarando que de descubrimiento nada, que se trata de una hipótesis que pretende explicar las peculiares características orbitales de algunos cuerpos transneptunianos.

La especulaciones acerca de este cuerpo imaginario no son nuevas, y ya desde comienzos del siglo XX se postuló su existencia más allá de la órbita del por entonces último planeta conocido, Neptuno. La incansable búsqueda del planeta X la inició el excéntrico astrónomo Percival Lowell, quizás más conocido por sus aventuradas teorías sobre una supuesta civilización marciana (de las que hablamos en el artículo “los marcianos”); de hecho puede que su empeño estuviera en parte motivado por un intento de recuperar su prestigio después de que sus fantasiosas teorías marcianas fueran ridiculizadas por la comunidad científica. Igual que el estudio de las órbitas de Júpiter, Saturno y Urano llevó a deducir la presencia de otro planeta (Neptuno, que fue observado y confirmado en 1846), Lowell pensó que había desviaciones de las órbitas teóricas de Urano y Neptuno que podían ser explicadas por la presencia de otro planeta exterior con una masa casi siete veces la terrestre. En el observatorio que construyó en Arizona tomó multitud de datos para localizar al supuesto planeta, pero no obtuvo resultado alguno. No obstante su trabajo fue continuado por un discípulo suyo, Clyde Tombaugh, que en 1930 descubrió Plutón al comparar placas fotográficas de la misma región de cielo, pensando al principio que por fin había dado con el objetivo de su predecesor. Pero al conocerse su masa (menor que la de la Luna) se llegó a la conclusión de que difícilmente podía ser el responsable de las anomalías orbitales de los gigantes helados. Así que la hipótesis del planeta X siguió siendo motivo de debate, hasta que definitivamente perdió fuerza cuando los datos de la sonda Voyager 2 permitieron conocer con exactitud la masa de Neptuno y al recalcular las órbitas se vio que no hacía falta ningún planeta adicional para explicarlas.

El ser del planeta X (blog de cine)
Sin embargo, y al igual que ocurrió con los canales marcianos, el misterioso planeta X caló en el imaginario colectivo, ocupando su lugar en la ciencia ficción a través del cómic y el cine de serie B, donde se vieron reflejadas diversas teorías pseudocientíficas de carácter apocalíptico. Ya fuera el planeta X, o Némesis -una especulación parecida en la que se supone que el Sol es un sistema binario con una compañera responsable de desestabilizar la nube de Oort periódicamente, y por tanto de ocasionar las diversas extinciones masivas acaecidas en la Tierra- el misterioso e invisible cuerpo irrumpe provocando un cataclismo. Por ejemplo, en el "El ser del planeta X" un habitante de ese planeta, que está en rumbo de colisión con la Tierra, acaba en las costas de Escocia para encontrarse con un científico que está precisamente estudiando la trayectoria de este cuerpo. Hubo quien realmente planteó una órbita para este fantasioso planeta, que después algunos identificaron con el Nibiru de la mitología babilónica originando un batiburrillo esotérico que aún hoy da que hablar. Otra versión no menos estrambótica es la del conocido Hercólubus, sobre el que circula aún un libelo cuyo contenido no es más que una demencial soflama sólo explicable por los efectos una sobredosis de ayahuasca en una mente reprimida.

Recreación artística del supuesto noveno planeta (Caltech)
El motivo de que hoy estemos hablando nuevamente del planeta X es análogo al que inició esta historia. Tras descubrirse multitud de cuerpos más allá de la órbita de Neptuno de naturaleza parecida a la de Plutón (lo que ha obligado a redefinir el concepto de planeta) y calcular sus órbitas se ha comprobado que algunas de ellas presentan unas características muy peculiares que podrían explicarse asumiendo la existencia de un planeta del tamaño de Neptuno situado a 200 veces la distancia de la Tierra al Sol, de órbita bastante excéntrica que completaría en unos 15.000 años. Pero este planeta no se ha observado ni confirmado, sólo es una explicación factible para las órbitas de algunos transneptunianos, resultado de aplicar modelos matemáticos. Detectar este hipotético planeta sería posible con los medios actuales, aunque llevará mucho tiempo barrer con telescopios en infrarrojo la zona del cielo donde podría encontrarse, que además coincide aproximadamente con el plano galáctico, lo que complica la labor. Ese momento será sin duda histórico y obligará a redefinir algunas ideas sobre la evolución del Sistema Solar, así como nuevamente el mismo concepto de planeta. Entonces sí podremos hablar sin duda de un importante descubrimiento.

Órbita calculada para el hipotético noveno planeta, que explicaría las peculiaridades de diversos cuerpos transneptunianos (Caltech)

miércoles, 13 de enero de 2016

Maximiliana o el ejercicio ilegal de la astronomía

Este peculiar título da nombre a una colección de aguafuertes de Max Ernst que se puede contemplar hasta el 21 de febrero en el museo Picasso de Málaga dentro de la exposición temporal "Registros alemanes", que tuve ocasión de visitar durante las vacaciones de navidad. Max Ernst es uno de los máximos exponentes de la pintura surrealista y experimentó en su obra técnicas creativas de muy diversa índole, como el collage, el goteo, la decalcomanía y el frottage (esta última consiste en imprimir la textura y forma de un objeto al frotar un lápiz en un papel colocado sobre él). 

Los aguafuertes agrupados bajo el nombre "el ejercicio ilegal de la astronomía" presentan el aspecto de páginas de un libro enigmático, con formas que evocan planisferios y cuerpos celestes ilustrando unos textos incomprensibles conformados por símbolos y trazos sin significado. 

La obra rinde tributo al litógrafo y astrónomo amateur Wilhem Tempel (1821-1889), que en 1861 descubrió un nuevo cuerpo entre las órbitas de Marte y Júpiter (se trataba de un asteroide) que bautizó como Maximiliana. A pesar de descubrir un buen número de cometas su trabajo no gozó de reconocimiento en su época, circunstancia que despertó la simpatía de Ernst al sentirse en parte identificado con él en sus primeras etapas. 

El nombre de Tempel es conocido hoy entre la comunidad astronómica gracias a la lluvia de estrellas de las Leónidas, originada por el cometa 55P/Tempel-Tuttle, o por la sonda Deep Impact, que tuvo como objetivo el cometa 9P/Tempel1. Wilhem Tempel fue un incansable observador del cielo y descubrió 21 cometas y 5 asteroides (Angelina, Cibeles, Galatea, Terpsícore y Cloto), y aunque no obtuvo reconocimiento en vida la Unión Astronómica Internacional acabó bautizando un asteroide con su nombre: (3808) Tempel


lunes, 4 de enero de 2016

Principales eventos astronómicos para enero de 2016


El 9 de enero al amanecer Venus y Saturno se aproximarán a menos de 0.2 grados

Conjunción entre Venus y Saturno
 
El 9 de enero Venus y Saturno se aproximarán en el cielo del amanecer hasta una distancia angular menor de 0.2 grados. Será fácil localizarlos sobre el horizonte sureste con las primeras luces del alba, en la constelación de Ofiuco y relativamente cerca de la estrella Antares. Será un bonito evento para observar al telescopio dado que los dos planetas pueden entrar en el campo del ocular. 

Vista de Venus y Saturno al telescopio

Lluvia de las Cuadrántidas
 
Esta lluvia de estrellas tiene su radiante entre las constelaciones del Boyero y el Dragón y presenta actividad en la primera semana de enero. El mejor momento para observarla se prevé para el día 4 en las últimas horas de la noche, cuando se podría dar una actividad de hasta 120 meteoros por hora. El problema que presenta esta lluvia es que su máximo dura muy poco y no hay mucha certeza del momento en el que se producirá.


Los principales planetas sobre el horizonte

A finales de enero y comienzos de febrero se podrán observar en el cielo matutino todos los planetas perceptibles a simple vista. El día 25 a las siete y media de la mañana ya estará Mercurio sobre el horizonte este-sureste en la constelación de Sagitario; no muy lejos hacia el oeste -y mucho más brillante- destacará Venus, y al norte de Antares Saturno; Marte estará bastante alto al sur en la constelación de Libra y Júpiter será el segundo en brillo hacia el suroeste en Virgo. Cerrará el cortejo la Luna casi llena poniéndose por el oeste-noroeste. Podremos observar así de un vistazo seis de los siete cuerpos celestes de la antigüedad: la Luna, Venus, Mercurio, Marte, Júpiter y Saturno (el séptimo sería el Sol). 

El cielo antes del amanecer del día 25 de enero

La Tierra en perihelio

El 3 de enero la Tierra pasará por el punto de su órbita más próximo al Sol, por lo que nuestra estrella presentará su máximo diámetro aparente, 32.5 segundos de arco.